Cuando noche
acostumbro a abrir ventanas,
me acaricia su brisa
y el ruido que de ella emerge.
Tapiz de coches pasando
sobre el latido ocasional
de puertas que se cierran
y, todavía más extraño,
el ahogado murmullo de pájaros anfíbios/el rutinario ladrido de perros prisioneros
y ya remoto, el grito de alguien preguntando algo
y por ahora todavía nunca
nadie que responda.
En estas noches
encapotadas
nadie se moja.
Todo flota,
ajeno a la INUNDACION
de la vida
por la vida.
Al despliege del todo
contra su sentido.
Cuando tu ínfimo punto y coma
se fundió con el negro del estómago
...TRAGÁSTE NOCHE
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